Anita y un perfecto extraño en Cancún

Anita y un perfecto extraño en Cancun

Mi dulce mujercita tenía una antigua amiga argentina radicada en Cancun.
Un día esa mujer llamó por teléfono, avisando que se casaría nuevamente, luego de llevar varios años separada de su primer esposo.

Ana estaba encantada con la noticia y me pidió si podíamos tomar unos días libres para asistir a la boda y de paso disfrutar un poco de las soleadas playas de Cancun.

Luego de la fiesta de casamiento, que resultó ser un evento magnífico, todavía nos quedaban otros tres días para disfrutar del hotel y la playa.

La primera tarde salimos a caminar por la arena y a remojarnos un poco en el mar. Disfrutamos bastante del sol y la playa.
Por la noche, despues de cenar, Ana estaba muy caliente y estuvimos hasta el amanecer cogiendo de manera salvaje en nuestra habitación.

A la mañana siguiente, Anita me confesó que seguía con mucha calentura y tenía muchas ganas de coger con otro hombre. Me dijo que yo podría elegir con quién debía ella acostarse…

No había visto ningún candidato que mereciera disfrutar del voluptuoso cuerpo de mi mujercita; pero le dije que buscaría alguien apropiado, que nos satisfaciera a ambos…

Esa noche, luego de cenar, mientras Ana acariciaba mi verga erecta debajo de la mesa, pude ver a lo lejos un posible candidato para satisfacer los deseos sexuales de mi mujercita.
Era un tipo bastante apuesto, muy elegantemente vestido, con apariencia de macho Latino, pero definitivamente no era mexicano…

Le susurré a Anita que ese hombre podría ser ideal para quitarle la tremenda calentura que la perseguía tan obstinadamente.

Mi esposa sonrió mirando al hombre y aprobó mi elección.
Me levanté y me dirigí hacia ese perfecto desconocido, con la intención de invitarlo a nuestra mesa. El hombre aceptó gustosamente pero dijo que le daría pena ser mal tercio. Yo riendo le dije que sería todo lo contrario…
Se presentó como Jaime; un empresario venezolano, de paso circunstancial por Cancun. Tomó asiento en nuestra mesa y Anita lo saludó con un beso muy cerca de los labios, lo cual puso al hombre algo nervioso…

Ana no perdió tiempo en preliminares. Le dijo que estaba muy caliente y le preguntó directamente sin ningún rodeo, si estaba dispuesto a darle una buena cogida delante mío…

Jaime abrió sus ojos en sorpresa, pero enseguida aseguró que estaba muy dispuesto a quitarle la calentura a mi atrevida mujercita y que estaría muy gustoso de encamarse con ella.
Ana insistió en que yo iba a estar presente mientras él la cogiera y Jaime respondió que no habría problema alguno en ello.

Finalizamos nuestros tragos y subimos a nuestra habitación.
Apenas entramos, Ana nos indicó a ambos que nos sentáramos en un amplio sofá, mientras ella se desnudaba haciendo unos increíbles movimientos sicalípticos…
Quedó solamente vestida con sus sensuales zapatos de taco alto, dejándonos ver su depilado Monte de Venus en todo su esplendor.

Jaime se levantó y se ubicó detrás de mi esposa, comenzando a besarle el cuello mientras acariciaba con sus dedos esas perfectas y firmes tetas…

Ana empezó a tocarle la verga por encima de los pantalones, sorprendiéndose al notar el tremendo bulto que cargaba el venezolano…
Entonces Jaime se quitó los pantalones, dejando ver un enorme pito bastante grueso; al menos de casi veinticinco centimetros de largo.

Mi esposa suspiró cuando pudo tomarlo entre sus manos.
Se puso en cuclillas frente a su invitado y empezó a chuparle la verga como una verdadera profesional de la calle; mientras yo le metía un par de dedos en la concha y se la dejaba dilatada y bien lubricada.

Jaime se tumbó boca arriba en la cama mientras Anita a cuatro patas le daba la mejor chupada de pija de su vida. Por detrás, yo empecé a comerme esa concha humedecida que tanto me gustaba….

Al cabo de unos minutos Anita dijo que estaba lista para recibir la tremenda verga de Jaime. Nuestro invitado se ubicó detrás de ella y la penetró con esa enorme y endurecida verga. La cara de mi esposa se trasfiguró al instante, mezcla de tremendo dolor y un intenso placer. Ella me miró a los ojos con una una cara de puta viciosa increíble, mientras Jaime comenzaba a arremeter cada vez con más ganas.

Ana entre jadeos me decía cuánto le gustaba; el tipo la tenía muy grande y la estaba llenando por completo, haciéndola gozar como a una verdadera perra en celo…

Después de unos minutos de embestirla salvajemente desde atrás, Ana pidió cambiar de posición. Entonces Jaime se recostó nuevamente en la cama y mi esposa empezó a cabalgarlo de frente.
Asi estuvieron un buen rato, Ana gimiendo mientras se empalaba una y otra vez en esa tremenda verga gigantesca. Jaime suspiraba, sintiendo el placer de poder coger con una hembra tan caliente como mi mujercita…

Ella finalmente acabó gritando como una loca, mientras un intenso orgasmo le recorría todo el cuerpo, haciéndola temblar de placer.
Jaime dijo que él todavía no había acabado y le pidió a Anita que volviera a ponerse en cuatro patas.
Entonces se arrodilló detrás de ella y sin mediar palabra la tomó con firmeza por las caderas y se hundió en la estrecha entrada trasera de Ana.

Ella gritó de dolor, quejándose del enorme grosor de esa verga que la estaba sodomizando. Pero Jaime continuó bombeándole el culo sin compasión, aferrándola por las caderas para que Ana no pudiera escapar a esa descomunal verga que entraba y salía de su ahora muy dilatado ano…

Un buen rato después, el venezolano de repente gritó como un poseso, anunciando que por fin se había descargado dentro del culo de mi esposa.
Se salió de ella, dejando que Anita cayera hacia adelante, enterrando su cara en la almohada, completamente rendida por semejante cogida.

Jaime le propinó unas suaves palmadas en la cola y dijo que nunca se había echado un polvo tan intenso con una hembra tan caliente y puta…

Se vistió y se despidió, dejando a Anita totalmente abatida sobre la cama, dejando escapar semen por sus dos orificios. Cuando su amante se fue, mi delicada mujercita levantó la cabeza y me dijo que nunca habia gozado tanto con un hombre Latino. Ese tipo la había cogido demasiado bien…

Agregó que todavía la noche era joven y me pidió que yo bajara al bar, para ver si encontraba a otro hombre bien dispuesto, preferentemente negro…

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