Anita y su ex novio

Unos amigos nos habían invitado a una cena para celebrar su aniversario de casados
Esa noche Ana estaba espectacular, llevaba un vestido corto negro y tacos altos, que realzaban sus torneadas piernas bien bronceadas.

Mientras se cambiaba, se subió el vestido para mostrarme que estaba usando una nueva tanga de encaje, que apenas le cubría su pubis totalmente depilado. Me pareció ver que esa tanga ya estaba humedecida y cuando le pedí que me dejara cogerla antes de salir para la fiesta, me dijo que al regresar a casa podría sacarme las ganas con ella…

Luego de varias copas y mucha conversación con varios tipos que la desnudaban con la mirada, mi delicada esposa le pidió a una de sus amigas que la acompañara al toilette.
Yo me quedé en el salón principal conversando con amigos y luego de un largo rato me percaté de que Ana no había regresado, pero su amiga estaba a la vista desde hacía bastante tiempo.
Me acerqué a ella y le pregunté por mi esposa; pero me respondió que se habían separado al salir del toilette…

Entre los invitados yo había reconocido a un antiguo novio de Anita. Según ella, el tipo era muy zarpado y durante el noviazgo le había dado siempre por el culo a mi mujercita; lo cual siempre la había vuelto loca…

Casualmente, ese tipo tampoco estaba a la vista desde hacía rato.
Sospeché lo peor y entonces discretamente me dirigí a las habitaciones en el piso superior. Todas las puertas estaban cerradas, pero al acercarme a la ubicada en el final del pasillo, pude oír con bastante claridad los ahogados gemidos de mi esposa.

Tomé el picaporte de la puerta y abrí muy despacio, tratando de no hacer ruido. La habitación estaba en penumbras, pero pude distinguir el esbelto cuerpo de mi mujercita sobre la cama.
Anita estaba a cuatro patas, con el vestido negro recogido hasta la cintura y su diminuta tanga de encaje a la altura de los muslos.
Detrás de ella estaba resoplando su ex novio; con los pantalones bajos sobre las rodillas; hundiéndose dentro de mi esposa mientras la tomaba firmemente por las caderas.

La escena me puso la pija a mil. Sentí una tremenda calentura mientras observaba a Ana gozar con esa verga enterrada en su cuerpo. Mi esposa estaba de frente; por lo tanto yo no podía ver dónde entraba y salía esa pija; imaginé que la estaba recibiendo por el culo…

El tipo le dio unas palmadas en las nalgas y confirmé mis temores:
“Te sigue gustando cómo te rompo el culo… eh putita…? Le preguntó.
“Sí, me encanta, hijo de puta… dame así con todo, rompeme toda…”

Ana comenzó a jadear y a llorar mientras ese tipo comenzaba a bombearle el culo sin piedad; arrancándole aullidos y gritos de placer y dolor al mismo tiempo.

Pude soportar un rato más la visión de mi mujercita sodomizada por ese tipo que para mí era un perfecto desconocido. Tuve que seguir camino al baño, donde me hice una tremenda paja mientras escuchaba desde lejos los gemidos de mi esposa…
Decidí regresar al salón principal. Al pasar nuevamente por la habitación donde estaba mi esposa, pude verificar que todo estaba en completo silencio.

Una hora después reapareció Ana en el salón; estaba radiante, como sucedía después de una buena cogida. Nuestras miradas se encontraron a través de la gente y ella me lanzó un beso al aire.
Un rato después se acercó su ex y entonces ella me lo presentó:
“Amor, él es Alex, mi primer novio; creo que ustedes no se conocen…”
Alex me tendió la mano como si nada; pensando seguramente para sus adentros que yo era un cornudo que llevaba a mi deseable mujercita a una fiesta y la dejaba sola un par de horas para que cualquier turro pudiera cogerla a su antojo…

La reunión siguió su curso y, pasada la medianoche, noté otra vez la ausencia de Ana en el salón. Naturalmente, tampoco encontré a su ahora conocido ex noviecito…

Otra vez se me ocurrió subir las escaleras. Pero entonces desde lejos pude escuchar los gemidos apagados de mi mujercita y sus súplicas:
“Dame más, hijo de puta… llename la concha con tu leche caliente…”

Un par de horas más tarde nos despedimos y emprendimos el regreso a casa. Yo iba cansado y en silencio; pero mi mujercita estaba fresca, radiante y muy conversadora…

“Qué bueno encontrar a Alex; guardo muy buenos recuerdos de él…”
“Por supuesto, mi amor…” Pensé para mis adentros…
“Ese turro te dejó unos buenos recuerdos bien guardados…”

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