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Anita me muestra un video casero

Esa mañana de viernes me desperté con un terrible dolor de cabeza y un resfrío que casi no me permitía salir de la cama. Llamé a mi oficina para avisar que me quedaría haciendo reposo hasta que me sintiera mejor…

Mi adorada Anita me preparó un excelente desayuno y luego comenzó a jugar con mi verga mientras yo disfrutaba un buen café caliente con tostadas. Me la chupó hasta hacerme acabar, a pesar de mi temperatura…

Luego me miró diciendo: “Parece que tu amigo está de buen humor hoy”
Pero yo en realidad estaba agotado, necesitaba quedarme en la cama.

Anita sonrió ante mi deprimente estado gripal; luego me dedicó un sensual strip-tease que me dejó loco y finalmente se fue a duchar.
Luego se vistió para su día normal en la oficina y me despidió con un beso húmedo; advirtiéndome que me mantuviera bien caliente para la noche.

Antes de salir, me entregó un estuche con un disco compacto etiquetado con las letras “J & F”. Sonrió y solamente me dijo:

“Que lo disfrutes. Mi última actuación aquí, en nuestra propia cama…”

Me imagine lo que vendría; así que, temblando un poco por fiebre y otro poco por pura calentura, encendí mi laptop y me dispuse a mirar ese disco…

La película comenzaba mostrando nuestra cama marital desde un lado. Reconocí la voz de mi adorada esposa hablando fuera de escena.

Unos segundos después Anita se sentó en el borde de la cama. Estaba usando solamente un portaligas negro con medias de encaje y unos zapatos de taco alto; ropas que yo nunca había visto antes.

Enfrentó a la cámara y sonrió con malicia. Abrió sus muslos para que pudiera verse su pubis recién depilado. Sus labios vaginales abiertos brillaban mostrando cierta humedad…

De repente apareció en escena un rubio gigantesco. Me pareció reconocerlo de algún lado, pero no pude recordar de dónde. El tipo estaba completamente desnudo y se acercó a mi esposa, quien tomó entre sus manos esa tremenda poronga erecta que se le ofrecía…
La verga tenía por lo menos unos veinticinco centímetros de largo y era bastante gruesa y venosa. Ya estaba bien erecta como un mástil.
Ana se la llevó a la boca y comenzó a tragársela por completo.

Apenas un par de minutos después, el gigante rubio empujó a mi esposa sobre su espalda; puso los tobillos de ella sobre sus anchos hombros y penetró la concha de Anita en un solo embate, haciendo que ella abriera la boca y dejara escapar un suave gemido.

El ángulo de la cámara estaba ajustado para mostrar perfectamente el vaivén de entrada y salida de esa cosa enorme en la húmeda vagina de mi mujercita…

Ana siguió gimiendo suavemente, mientras ese tipo la bombeaba muy despacio. Cuando él acabó dentro de ella, se quedó quieto unos instantes y luego se la sacó con mucha delicadeza. De repente la cámara hizo un acercamiento a los labios vaginales bien enrojecidos de mi esposa.

Entonces caí en la cuenta de que había alguien más operando la cámara.
De pronto, la cámara se movió al otro lado de la cama, mientras el gigante tomaba a Ana por la cintura y la volteaba boca abajo.
Anita quedó en cuatro patas y levantó la cabeza para decir a la cámara:

“Mi amor, esa poronga enorme detrás de mi culo pertenece a Facundo… y su mellizo Javier está filmando todo para que vos puedas disfrutarlo…”
Ahora podía ver su cara de extremo placer mientras las duras manos del tal Facundo la tomaban por las caderas y la llevaban hacia atrás; al encuentro de esa pija bien tiesa.

Ana comenzó a gritar con dolor, mientras sentía que ese pedazo de carne dura le dilataba las paredes vaginales otra vez. Continuó gritando y aullando por casi diez minutos, mientras Facundo le bombeaba la concha sin demostrar nada de misericordia…

Mi esposa trató de ocultar su hermoso rostro entre las sábanas, pero su amante la tomó por los cabellos y le obligó a enfrentar la cámara.
Pude escuchar que el tipo le susurraba al oído mientras se reía:

“Te gusta mi pija, putita… decile al cornudo de tu marido cómo te gusta…”

Ana miró hacia adelante gritando: “Nooo… no me hagas decir eso…!!

Ese chico era realmente una verdadera máquina de coger. Estuvo moviéndose contra el culo de mi esposa por más de media hora, sin demostrar signos de cansancio. Finalmente tensó su espalda; arañó las caderas de mi esposa y se descargó en ella gruñendo como un salvaje…

Se deslizó suavemente de la vagina de Ana; le dio un par de palmadas y le cedió el lugar a su mellizo, diciendo que era su turno…

Ana levantó su cabeza mirando a la cámara y le dijo a Javier:

“Vamos, nene… la tuya la quiero por el culo…”

Facundo entonces recibió la cámara y comenzó a filmar, ubicándose en una posición desde donde se veía la muy estrecha entrada trasera de Ana.
Pronto pude ver solamente esa otra gruesa verga que penetraba el esfínter de mi delicada esposa sin ninguna clase de lubricación previa. Podía oír claramente los alaridos de dolor de mi esposa; pero pronto se convirtieron en jadeos de placer.

Facundo grabó un buen rato la gruesa verga de su mellizo entrando y saliendo del ano de mi delicada Anita; después se movió al frente, para capturar la expresión de dolor y placer en los ojos de ella mientras era sodomizada…

Javier bombeó el culo de Ana por casi quince minutos; hasta gritar que iba a acabar dentro. Cuando se la sacó, la cámara apuntó con un primer plano a la dilatada entrada anal de mi esposa, que seguía gimiendo boca abajo, mientras una generosa cantidad de semen pegajoso salía a borbotones de su cuerpo.

Ana quedó tendida boca abajo con su cara escondida en una almohada.
La cámara fue puesta fija en el centro de la habitación y los dos rubios enormes se acercaron a mi indefensa esposa por ambos lados.
Durante las dos siguientes horas, ambos cogieron a Anita en todas las posiciones sexuales posibles, sin perdonarle el culo ni su suave boca.
Cuando los dos se dieron por satisfechos, mi mujercita yacía en un charco de semen, que manchaba sus cabellos, su cara y por supuesto, salía a raudales de sus dos orificios…

Finalmente los dos chicos se fueron, dejando a mi esposa allí agotada, recostada boca abajo sobre la cama deshecha y llena de semen.

Ana levantó su cabeza con cara de cansancio y sonrió a la cámara:

“Te gustó todo lo que viste, amor…?

Luego la pantalla quedó en negro…

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