Ana y el mulato en un congreso

Esa tarde llevé a mi adorada Anita y a su eterna amiga Helena hasta el aeropuerto. El estudio las enviaba a una congreso sobre temas legales en Uruguay e iban a estar ausentes por una semana entera, al menos.

Yo sabía que mi mujercita iba a comportarse mal estando sola, o peor todavía, estando con la mala influencia que le daba su amiga Helena.

Al despedirme le pregunté si me iba a ser fiel mientras estiviésemos separados; pero ella sonrió, diciendo que una semana era demasiado tiempo para tener su concha inactiva. Trataría de mantenerse célibe, pero no me garantizaba nada. Al menos, tratría de cogerse un tipo que la tuviera más grande que yo…

Nos besamos profundamente y le pedí que me mantuviera al tanto de sus aventuras. La turra de Helenita me tiró un beso al aire y mientras se alejaban, me dedicó con sus dedos la señal de los cuernos…

Un par de días más tarde, recibí un mensaje de Ana en mi teléfono. Decía que estaban disfrutando un rato libre con Helena y que además, le había surgido la oportunidad de dejarse coger por una verga enorme…

Al día siguiente recibí una foto. Mostraba una enorme verga erecta que parecía pertenecer a un mulato. Era bastante larga y venosa, pero lo que más impresionaba, era el grosor de esa tremenda pija.

Un rato después recibí una segunda foto, donde aparecía la mitad de esa misma verga enorme dentro de la boca de mi esposa… que miraba directamente a la cámara. Parecía que ella estaba haciendo un gran esfuerzo para poder tragarse semejante cosa entera…
Me quedé esperando un relato de su aventura con ese mulato; pero por el resto de la tarde no llegó ningún mensaje.
Al día siguiente la llamé para ver cómo estaba luego de su escapada sexual, pero la muy turra me dijo que no me contaria nada hasta que regresara a casa…

Tuve que aguantar el ansia otros tres días más; hasta que fui a recogerlas otra vez al aeropuerto. La perra de su amiga Helena venía con una sonrisa pintada en los labios. Me imaginé que seguramente su último polvo había sido unos instantes antes, en el baño del avión…

Apenas entramos a casa, Anita se abalanzó sobre mi cuerpo y fuimos hasta nuestro dormitorio, desnudándonos por el camino. Le arranqué la tanga a tirones y pude ver por el brillo de sus labios vaginales, que su concha estaba bien humedecida…
Yo tenía la verga durísima. Ana me empujó sobre la cama y se metió mi pija en la boca, para lubricarla con saliva. Enseguida pegó un salto y abrió bien sus largas piernas. Luego colocó la cabeza de mi pija entre sus labios vaginales y fue dejándose caer despacio, empalándose con gusto…

Comenzó a balancearse sobre mi cuerpo, mientras mi verga la llenaba por completo. Los gemidos y jadeos salían de su boca sin parar. Comenzó a aumentar la velocidad del movimiento de sus caderas; lo que significaba que ya estaba llegando su primer orgasmo.
De repente cerró los ojos, aulló de manera bien aguda y apoyó sus manos en mi pecho, mientras un golpe eléctrico la recorría, indicando un tremendo orgasmo. Cuando recuperó la respiración, se salió de mi verga y se puso a cuatro patas, para que yo la penetrara en esa posición, que seguramente me haría acabar a mí también…
Me puse detrás de ella, empujé un poco la punta de mi verga y sentí que la invadía sin dificultad. Empecé a moverme muy suavemente…

Le pedí que me describiera la acción con esa verga mulata …
Y mientras la cogía así con suavidad, Ana comenzó diciendo que estaba con Helena almorzando cerca del hotel, cuando un par de elegantes mulatos aparecieron para pedirles compartir la mesa,,,

Antes de que Ana pudiera reaccionar, Helena ya los tenía a ambos hombres sentados a cada lado de ella. Un rato después, uno de ellos comenzó a hablar al oído de su querida amiga, mientras ella sonreía…
De repente Helena y ese hombre se levantaron de la mesa, diciendo ella que había olvidado algo en la habitación del hotel y que él la iba a acompañar a buscarlas. Agregó que tardarían un rato.

Ana y el otro mulato se quedaron allí conversando. De repente el tipo le dijo que tenía una verga mucho más grande de la que iba a disfrutar Helena. Mi esposa estalló en carcajadas, pero el mulato le dijo que ellos también podrían ir a buscar algo a la habitación de su hotel.
En el ascensor de su hotel ya intentó besar a mi mujer en la boca, pero ella no le dejó. Solamente le permitió que hundiera la cabeza en su cuello, excitándola al besarla, mientras sus pesadas manos recorrían las caderas Ana, marcadas por la ajustada falda que vestía.
En la habitación se desnudaron y fue entonces cuando Ana tomó las fotos con su celular para enviármelas más tarde.
Luego se dedicó a lamer esa enorme verga oscura que le presentaba el mulato; sin poder tragarla entera. Era imposible, a pesar de que el tipo la sujetaba por la nuca e intentaba metérsela hasta el fondo de la garganta de mi delicada Ana, que debía esforzarse para no atragantarse con semejante pedazo de carne…

De repente el tipo se descargó dentro de la boca de Ana, que debió tragarse toda esa leche caliente, porque el mulato no le soltaba la nuca…
El mulato recuperó su vigor enseguida y montó entre las piernas abiertas de Ana. La enorme verga entró en su concha con facilidad, debido a que estaba bien lubricada con la saliva de Anita…

Mientras gemía, jadeaba y se debatía bajo el cuerpo del mulato, Ana perdió la cuenta de cuántos orgasmos tuvo. Solo recordaba que el tipo se movía cada vez más con mayor frenesí y cuando quiso darse cuenta, un último tremendo orgasmo estaba recorriendo su cuerpo.
De repente, el tipo se salió de ella y puso a Anita en cuatro patas. Su enorme verga la penetró desde atrás y en esa posición ella volvió a acabar al menos tres veces, mientras el mulato la cogía de manera incansable…

Mientras la bombeaba a un ritmo frenético, Ana notó que él escupía sobre su estrecha entrada trasera y luego un grueso dedo cubierto de saliva entraba de a poco en su delicado ano…

Ana giró la cabeza para mirarlo y preguntarle si pensaba meterle semejante verga por el culo. El mulato sonrió sin dejar de bombearla, prometiéndole que le daría por el culo con su enorme pija, pero que lo haría con suavidad.

Mientras mi esposa hundía su cara en la almohada con cada empujón de esa verga, pensaba en cuántas otras habrían estado en su misma posición. Sintió de nuevo como el dedo entraba otra vez en su culo, ayudado por algo de gel lubricante que se había puesto el mulato. Esta vez entró más suave que la anterior y enseguida sintió que ya tenía dos dedos adentro…
Después de unos minutos así, recibió un buen chorro de gel lubricante en la entrada anal y luego sintió que la pija abandonaba su concha y un agudo dolor aparecía en su estrecho esfínter…

Así estuvo dándole por el culo durante un buen rato. Luego el mulato comenzó a alternar entre concha y culo. Ana no sabía por dónde iba a recibir el placer. La verga del mulato entraba y salía en toda su longitud de sus dos orificios. Notó que la pija se estaba hinchando:
Ana le pidió que le acabara dentro de su culo. Enseguida el mulato se tensó en silencio y luego ella sintió un intenso calor entrando por su ano…

Mientras mi esposa describía cómo el mulato le había llenado el culo de leche; casi al mismo tiempo sentí que mi verga se endurecía y de repente me aferré a sus redondas caderas y me quedé quieto, sintiendo mi semen invadiendo la delicada concha de Anita…
Cuando me salí de ella, Ana sonrió y susurró que ya tendría una nueva oportunidad de viajar con su amiga en la siguiente semana…

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