Ana regresa desde el bar

Mi adorada esposa había salido esa noche con sus amigas.
Yo estimaba que esa salida podía llegar a ser casi normal, ya que su amiga Helena no era de la partida y entonces yo estaba seguro de que Ana se comportaría bien y solo volvería con un par de margaritas encima.

Cerca de las dos de la mañana comenzó a vibrar mi celular, mientras todavía estaba mirando algo en la televisión. Era Anita, preguntando si todavía estaba despierto. Le dije que la estaba esperando.

De inmediato me llegó una foto. Era ella inclinada sobre una silla; su tanga negra a la altura de los tobillos y su mano presionando entre los muslos…

Ana escribió: “Qué te parece?…Voy en un par de horas”

Mi verga estaba ya bastante dura; así que me bajé los pijamas y le tomé una foto, para enviársela sin demora.

“Veo que realmente me estás esperando” Respondió Ana enseguida.

Menos de una hora después, nuestro auto se estacionó frente a casa.
Desde la ventana observe que Ana caminaba hacia la puerta. Llevaba un largo impermeable color beige que yo desconocía y por ello adiviné que iba completamente desnuda debajo. Me preguntaba dónde habría dejado ese vestido de muselina negra tan sexy que llevaba al salir de casa.

Abrí la puerta y la recibí con un profundo beso de lengua. Su boca tenía un sabor extraño, algo ácido, aunque no muy desagradable.

“No te preocupes, amor, solamente es semen de dos chicos distintos…”

Es decir, mi mujercita no se había comportado tan bien como yo esperaba.
Apenas cruzó la puerta de entrada, abrió su impermeable para mostrarme su magnífico cuerpo desnudo. Lo único que llevaba debajo eran sus zapatos de taco alto, que estilizaban sus increíbles piernas torneadas.
No me atreví a preguntarle por el vestido y la tanga…

Allí nomás se dejó caer de rodillas, desató mis pijamas y comenzó a darme una tremenda mamada. Mientras lo hacía, Ana alargó su mano y me alcanzó mi celular que estaba sobre la mesa, diciéndome que grabara el espectáculo para la posteridad…

Antes de que yo pudiera sintonizar el teléfono en modo cámara, Anita comenzó a chuparme la verga, tragándose cada centímetro hasta la base…

Filmé toda la acción y pronto noté que, mientras con una mano sostenía mi verga, con la otra hundía sus dedos entre sus muslos, buscando furiosamente masajear su endurecido clítoris.

Pronto mi verga tuvo una especie de espasmo incontrolable ya que se acercaba mi clímax. Anita gimió con placer sabiendo que ya estaba casi a punto de explotar en su boca…
Después de las dos primeras olas y notando que todavía había mucho más, Ana sacó mi verga de su boca y la dirigió a su cara. Yo continué grabando mientras mi semen caliente cubría su bello rostro y caía después por su barbilla, deslizándose finalmente por sus hermosas tetas.

“Vayamos arriba…” Me pidió Ana, poniendo cara de viciosa.

Se levantó de un salto todavía cubierta con mi leche y me arrastró al dormitorio. Se recostó en la cama y abrió sus hermosas piernas para mí.

“Quiero tu verga bien dura en mi culo” Susurró mi sexy Anita.

Yo trepé entre sus muslos abiertos y puse sus tobillos sobre mis hombros. Luego dirigí la punta de mi verga a su estrecha entrada trasera y la penetré de un solo empujón.
Ana se quejó de dolor y en ese momento note que salía un delgado hilo de semen entre sus labios vaginales… Ella sonrió explicándome:

“Después de chupársela, esos dos chicos me la metieron por la concha”

Anita me juró que solamente la habían cogido esos dos hombres; pero a mí me llamó la atención lo dilatada e inflamada que había quedado su concha.
Me pregunté si ella estaba mintiendo acerca de cuántos tipos en total la habían garchado durante esa noche.
Hundí mi verga entera y bien adentro de su estrecho ano; comenzando a bombear, mientras Anita jadeaba de placer. Aferré sus manos para evitar que pudiera acariciarse ella misma el clítoris. Quería que gozara solamente sintiendo mi verga enterrada en el fondo de su culo…

Ana gimió y comenzó a musitar algunas palabras sucias mientras le taladraba el ano con todas mis ganas. Le dije que me daba bronca que otros desconocidos hubieran usado su vagina a su antojo esa noche.

Mientras la bombeaba con furia, ella se rió y me confesó la verdad.

“Me porté muy mal esta noche, mi amor…” Susurró mientras yo la cogía.

“Es una larga historia, pero tu pija es la sexta de la noche”
“Pero no te preocupes, todos ellos me cogieron por la concha. Por eso ahora me duele tanto y te pedí que me dieras por el culo…”

Me explicó que había perdido temprano a sus amigas en el bar y que había tomado demasiadas margaritas. Salió del lugar para tomar aire fresco y despejar la cabeza; pero en el estacionamiento se encontró rodeada de cinco hombres que tenían muchas ganas de juguetear con ella…
Me describió cómo le desgarraron la ropa a jirones y la obligaron a chupar sus vergas por turno, mientras la manoseaban y masturbaban.
Finalmente la volcaron sobre el motor de un auto y la cogieron al estilo perrita, mientras ella seguía usando su boca con las pijas de los que esperaban pacientemente su turno.
Uno de ellos le había prestado su impermeable color beige, porque su vestido negro tan sexy ya servía para cubrirla más…

Me excité muchísimo con su relato y estuvimos cogiendo por horas. Perdí la cuenta de las veces que acabé en su boca y en su culo. Su depilada vulva seguía brillando cubierta por el semen de esos otros hombres.

En la mañana Ana me besó al despertar y dijo que iba a darse una ducha. Su cuerpo olía a sexo… de esos cinco hombres que la habían sorprendido indefensa en el estacionamiento del bar durante la noche anterior.

Al salir del baño, mi esposa anunció que ya no le dolía tanto la vagina y que se encontraba de bastante buen humor como para hacer un trío con otro hombre y me preguntó quién podría estar disponible…

Antes de que yo pudiera contestarle, ella se acercó al impermeable beige y sacó una tarjeta de visita del interior de uno de los bolsillos.
Me alargó la tarjeta y además me alcanzó mi celular. Yo empecé a discar el número como un autómata, mientras observaba que Ana comenzaba a acariciarse la parte interna de los muslos…

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