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Ana entrega la entrada trasera

Ese verano Anita y yo habíamos aceptado compartir las vacaciones con su amiga Cecilia y su esposo Peter, en un agradable hotel de Hawaii.
Los dos primeros días los pasamos caminando por la playa, tomando sol y nadando en la piscina del hotel. Durante el día la piscina estaba atestada de gente, pero notamos que, durante la tarde y noche, el lugar se convertía en paraíso ideal para gente solitaria.

En la tercera tarde después de cenar, Ana y yo fuimos a nuestra habitación. De repente mi esposa me dijo que iría a dares un chapuzón en la piscina a esa hora. Le dije que yo estaba algo cansado, pero la esperaría despiertos para irnos a la cama.
Ana se puso una malla enteriza color beige muy ajustada al cuerpo, que realzaba sus curvas gracias al contraste con el bronceado de su piel.

Yo me asomé a una especie de terraza donde había unas reposeras, para disfrutar la ligera brisa marina y tonar una copa de vino tinto.
Diez minutos después se abrió la puerta y pregunté por sobre mi hombro:
“Ya tan rápido de regreso??”
Pero entonces me respondió la sensual y sedosa voz de Cecilia:
“Soy yo, bebé… tu linda mujercita está ocupada con Peter ahora…”
Cecilia se sentó a mi lado y me ofreció un porro que estaba fumando.

Acepté fumar y la mire inquiriendo el significado de sus palabras. De reojo pude ver que su mirada estaba un poco desenfocada por lo que estaba fumando; pero aun así, nuestra amiga Cecilia seguía siendo una mujer bella y sensual; caliente e irresistible como siempre lo fue…

Yo me la había cogido algunas veces en el pasado antes de que se casara con Peter. Tenía el aval de mi propia esposa para ello; ya que ambas eran bisexuales y desde la adolescencia Ana había compartido con ella todo lo suyo, incluyendo novios o esposos…
Me miró con expresión divertida…
“Qué…? Nunca te enteraste que tu mujercita se coge a mi marido…???”
Comenzó a reírse a carcajadas mientras yo la miraba sin poder creerlo.

Nunca me había imaginado que Cecilia iba a compartir con Ana a su flamante esposo de apenas seis meses.
“Oh, sí, amigo mío… yo no lo comparto, pero mi esposo ahora le está dando por el culo a tu delicada mujer y después le tocará por la conchita”
“Relajate, grandote… vine a que me cojas como lo hacíamos antes de casarme con ese Americano estúpido…” Dijo refiriéndose a Peter.
Antes de que yo pudiera reaccionar, las manos de Cecilia estaban en mi bragueta y en un par de segundos sus labios estaban alrededor de mi verga; dándome una mamada infernal.
Me la chupó de una manera salvaje antes de cabalgarme, levantando su vestido de verano para empalarse a fondo en mi tronco ahora bien duro.
Su suave vagina estaba húmeda y caliente; era una verdadera delicia…
Me cabalgó con urgencia; aferrándose de mi cuello y comiéndome la boca a besos mientras se balanceaba desesperada sobre mi cuerpo.

Cecilia tuvo al menos dos orgasmos antes de que yo arqueara mi espalda y le llenara esa delicada concha con mi leche caliente.
Entonces ella se relajó, abrió sus ojos y me sonrió, apoyando sus manos sobre mi pecho. Permaneció así quieta sin salirse de mi verga. Luego de un rato se levantó, me besó dulcemente y me agradeció…
“Me encanta coger con vos, Vic, pero odio la idea de saber que Ana se está cogiendo a mi Peter… eso realmente no puedo soportarlo…”

Le pregunté cuándo lo había descubierto y me dijo que ella misma era la culpable. Peter quería probar de darle por el culo pero Cecilia era muy estrecha para semejante verga; así que le pidió a mi sensual mujercita si podía hacerle el favor de entregar su trasero para que su esposo se sacara el gusto.

Ana accedió gustosa y una tarde en su casa Peter la sodomizó sin problema; delante de su amiga. Mi esposa lo disfrutó bastante, según la opinión de Cecilia; pero ella no tuvo en cuenta de que tanto Anita como Peter irían por más. Desde entonces habían estado ambos cogiendo a escondidas; la mayoría de las veces encontrándose en un departamento que Peter poseía a unas pocas cuadras de las oficinas de ambos.
Cecilia creía que solamente tenían relaciones anales, pero una vez había escuchado a Peter por teléfono, mientras le comentaba a un amigo que mi Ana era la mejor chupadora de verga que jamás había conocido…

En ese momento Cecilia puso sus dedos dentro de su concha y lamió el semen que yo le había dejado adentro. Sonrió y dijo alegremente:
“A Peter le gusta chuparme la concha antes de cogerme… esta noche va a tener una sorpresa…voy a dejar que él también te pruebe a vos…”

Me besó diciéndome que seguramente Ana regresaría pronto.
Me quedé sorbiendo ese vaso de vino, pensando en ese buen polvo que me había echado con Cecilia; pero mascullando la bronca que me daba enterarme que ese idiota de Peter sodomizaba a mi mujercita.

No entendía por qué Ana había aceptado entregarle el culo. Tal vez sería una especie de revancha porque yo me cogía a su amiga.
Estaba pensando en alguna razón lógica, cuando Ana volvió.
Traía una hermosa sonrisa en sus labios y la cara bien relajada. Le pregunté si el agua estaba buena y me dijo que lo había disfrutado mucho, pero que estaba agotada.
Se quitó ese sensual traje de baño y se metió a la cama.

Me acosté junto a ella y toque su hermoso cuerpo; pero Ana me dijo que estaba demasiado cansada para tener sexo. Yo insistí y zambullí un par de dedos en su vagina sin que ella pudiera evitarlo.
Su concha estaba inusualmente dilatada y mojada mucho más que por su calentura habitual, no solamente con sus propios jugos vaginales…

Cecilia tenía razón; mi mujercita acababa de ser recién cogida y el culpable de ello era sin dudas Peter.
Anita abrió sus ojos, sacó mis dedos de su vagina y los lamió con una sonrisa diabólica en sus hermosos ojos. Luego giró y me dio la espalda, pidiéndome que ya la dejara tranquila por el resto de la noche. Me dijo que si estaba tan caliente, me hiciera una paja silenciosa en el baño…

Al regresar del baño pude chequear con cuidado a través de sus muslos abiertos. Encontré que su abertura anal también estaba bastante dilatada y enrojecida. Era evidente que Peter había estado usando su culo…
La mañana siguiente mientras yo nadaba en la piscina, observé con disimulo a mi esposa conversando con Peter a un costado. Me uní a ellos y él nos contó que había discutido ferozmente con Cecilia durante la noche y ella había regresado a Los Angeles en el primer vuelo de esa mañana, dejándolo allí solo en el hotel.

Pude ver una ligera sonrisa en el rostro de Ana. Seguramente estaría pensando que ahora podrían coger con más comodidad en su habitación, ya que Cecilia se había rendido ante lo inevitable.
Esa noche después de cenar Ana y yo nos sentamos en la terraza, a disfrutar de unos cocktails y de la suave brisa marina.
Mi dulce esposa me dijo que sería muy agradable bajar a tomar un baño de inmersión caliente en el costado de la piscina; pero le respondí que era mejor que ella fuera sola; porque yo prefería quedarme allí.

Ana entonces se puso su malla tan sexy y salió de nuestra habitación.
Yo sabía que iría a encontrarse directamente con Peter, para que este tipo siguiera usando a su antojo todos sus orificios corporales…
Todas las habitaciones compartían la misma extensa veranda sobre el mar; así que esperé unos minutos y luego me acerqué a la que ocupaba Peter, cuyas ventanas y cortinas estaban abiertas.

Efectivamente, mi esposa ya estaba allí adentro. Se había quitado su malla y las marcas de bronceado hacían ver su esbelto cuerpo todavía más deseable. Ella estaba de pie debajo de una luz cenital.
Peter estaba fuera de mi vista. De repente él entró en escena, también desnudo, con una tremenda erección que apuntaba al cielorraso.
Empujó a Anita por los hombros, hacienda que ella se doblara por la cintura sobre el borde de la cama. Luego repentinamente la tomó por las caderas y hundió su verga en el estrecho culo de mi mujer desde detrás.

Ana gritó por la súbita intrusión, ya que se la metió hasta el fondo de un solo empujón. El grito también era de dolor, porque, si bien a ella le gusta por el culo, necesita siempre un poco de juego previo y lubricación.
Pero enseguida comenzó a gozar con esa verga enterrada en su trasero.
Los observé a ambos coger así por más de veinte minutos. No podía creer lo que veían mis ojos: Peter parecía haberse convertido en una máquina neumática, incansable, que sodomizaba a mi mujercita con toda su furiosa energía. Hacía gritar, aullar, llorara hasta las lágrimas y gemir a Ana como una posesa y, lo que era peor, ella le pedía que la sostuviera firme y le rompiera el culo todavía más rápido y duro…

Después de ese lapso que me pareció interminable ya no pude soportarlo más y regresé a mi habitación. Allí me encerré en el baño y me masturbé debajo de la ducha.
Ese hijo de puta de Peter debía estar tomando alguna pastilla para tener semejante erección y aguantar así duro tanto tiempo. Anita estaba tan caliente que él no necesitaba que ella lo excitara en un juego previo…

Volví a sentarme otra vez afuera con un vaso de vino en la mano, cuando mi dulce infiel esposa regresó. Tenía la cara colorada y una sonrisa enorme; pero le costaba caminar derecha. Ella no había estado disfrutando de una copa de vino como yo; así que me imaginé que Peter la había sodomizado con brutalidad, antes de dejarla regresar a mí.

La noche siguiente fue algo diferente. Salí de la habitación detrás de mi sensual mujercita, que fue directamente a la pequeña pileta de agua caliente cercana a la piscina. Esta vez Anita llevaba una tanga roja que apenas cubría su pubis depilado y sus oscuros pezones.
Peter ya la estaba esperando allí. Ella se quitó la tanga roja y entró al agua caliente, moviendo sus caderas de una manera sensual para su amante.
El tipo no perdió nada de tiempo en preliminares. Hizo doblar a mi esposa sobre el borde y la tomó desde atrás. Ella aulló de dolor a todo volumen, girando su cabeza para gritarle:
No… un momento, por atrás no… así no!! …estoy muy dolorida…!!”

Pero a ese hijo de puta no le importaron los aullidos de mi mujercita, Simplemente la sostuvo firme y otra vez empujó su endurecida verga hasta el fondo del culo de ella, en un solo empellón de sus caderas…
Observé que Ana gritaba de dolor. No lo estaba disfrutando. Su abertura anal estaba estrecha otra vez a pesar del ajetreado uso de la noche anterior. Necesitaba relajarse y algo de lubricante allí detrás.

Yo sentí una tremenda erección mirándolos desde mi escondite; observando a mi delicada esposa ser salvajemente sodomizada por el marido de su amiga. Ella continuó gritando todo el tiempo que duró ese brutal asalto a su trasero. Peter la sostenía contra su cuerpo y le bombeaba el culo sin demostrar nada de misericordia…

El hijo de puta nunca cambió el brutal ritmo de su cogida, rompiéndole realmente el culo a mi delicada esposa en una manera incansable.
De repente Peter se quedó quieto, gruñó algo y entonces supe que le había llenado el ano de semen a mi esposa. Unos instantes después observé que Ana se desprendía de su abrazo y trepaba por el borde.
Mientras Peter le miraba el trasero, sonriendo orgulloso de su trabajo.
Ana apenas podía caminar derecha. Me imaginé que esta vez él le había desgarrado el ano con semejante cogida brutal. Ella se lo merecía…

Regresé a mi habitación y esperé por ella; no podía hacer otra cosa; pero mi dulce mujercita tardó otras dos horas en volver…
Me imaginé que Peter la había convencido para ir a coger otra vez con más comodidad en su habitación; así que me dispuse a encontrar a mi esposa llena de semen.

Anita se veía agotada y para nada relajada. Sonrió al encontrarme despierto y se acercó a besarme. Pude sentir el gusto salado del semen de ese hijo de puta en su boca.
Mi mujercita sonrió en forma irónica y me preguntó:
“Te gusta saborear la leche de otro tipo en mis labios…?”
Antes de que yo pudiera responderle, ella continuó:
“Eso te pasa por andar espiando escondido entre los arbustos mientras otro macho le coge la cola a tu esposa…”
“Pero no te preocupes, amor, es solamente sexo a pedido de Cecilia. Ella tiene el culo muy estrecho y me pidió si yo le podía hacer un favor con su esposo…pero después ella se pone muy celosa cuando se pone a observar a Peter disfrutar de mi culo…”

La hice callar con otro beso profundo. Mis manos abrazaron su cuerpo caliente y le arranqué esa tanga roja de un manotazo. Metí mis dedos en su cálida rajita y la encontré excesivamente dilatada y empapada.
Peter no solamente había disfrutado de la estrecha entrada trasera de mi esposa; la había dejado llena de semen en todos sus orificios… A pesar del olor a cloro de la piscina, el cuerpo de mi dulce mujercita todavía olía a sexo; a sexo bien brutal y salvaje…

Hundí mis dedos en su concha pero entonces Ana gimió de dolor.
Me dijo que le había entregado esa noche la concha a Peter y que el muy turro se la había maltratado bastante. Estaba muy dolorida.
Me juró llorando que me amaba y que solamente había cogido con el esposo de su amiga para complacerla a ella. Para dejarme satisfecho, esa noche me dio la mejor mamada en muchos años…

El día siguiente no fue muy distinto a los demás. Estuvimos todo el tiempo entre la orilla del mar y la piscina.
Por la noche después de cenar, Ana se puso un vestido negro muy sexy y me dijo que Peter la había invitado a compartir otra vez su cama.

Me invitó a acompañarla y sentarme a observarlos coger; pero le dije que prefería quedarme allí en la oscuridad de nuestra habitación, pensando cómo su hermoso culo iba a ser tratado brutalmente una y otra vez…

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