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Ana en un concierto de rock

Una tarde Ana regresó de su oficina temprano y me sorprendió con dos entradas para un concierto de rock al aire libre. Era mi banda favorita desde que yo era joven; así que me encantó la idea de poder asistir.
Mi esposa me dijo entonces que uno de sus compañeros de oficina, Alberto, había tenido la gentileza de cederle esas entradas extras que había conseguido.
“Es un muy buen chico; vas a conocerlo en el concierto:..” Agregó Anita.
El sábado al anochecer viajamos hasta las afueras, hasta un predio donde iba a desarrollarse el evento. Las entradas eran de las más baratas; así que nos quedamos al fondo de la gente, cerca de una valla de contención.
Mi esposa se había vestido con unos viejos jeans llenos de agujeros y llevaba puesta mi indestructible remera negra de “Metal”, con la calavera y tibias cruzadas…
A poco de llegar, oí una voz detrás diciendo: “Anita, qué suerte… pudiste venir…”
Me di vuelta, encontrando allí parados a dos tipos un poco más jóvenes que yo.
Uno de ellos abrazó a mi esposa con exagerada efusividad y me pareció ver que le acariciaba el trasero. Ella lo presentó como su compañero Alberto y él a su vez dijo que su amigo era David… Ambos eran evidentemente fanáticos del Metal, ya que tenían tatuajes, piercings y vestían ropas desgarradas por todos lados…
David era un tipo gigantesco, mucho más que Alberto, quien era todavía más corpulento que yo. Conversamos por un rato mientras esperábamos el inicio del concierto; pero pronto me di cuenta de que ambos hombres estaban más interesados en hablar con mi mujercita…
De repente se apagaron las luces y por fin nuestra banda favorita comenzó a tocar. Ese lugar estaba realmente oscuro. Ana se apoyó sobre la valla; yo quedé detrás de ella y sus amigos a ambos lados.
De a poco el gentío me fue apartando de mi esposa. Ella estaba feliz, cantando y aplaudiendo con sus brazos en alto. Pronto pude comprobar que ahora Alberto estaba detrás de ella, moviéndose al compás de la música y apoyando su fornido cuerpo contra la delicada figura de mi mujercita…
Miré hacia el escenario y unos segundos después note que las manos de Alberto ahora acariciaban las tetas de Anita desde atrás, mientras ella seguía danzando y cantando con los brazos en alto.
Simulé entonces estar concentrado en el escenario; pero de reojo podía ver que ese tipo ahora seguía acariciando las tetas de Ana y ahora desde atrás había deslizado una mano por el frente de los pantalones de ella y estaba acariciando su pubis.
Mi esposa sonreía, pero su rostro comenzó a crisparse mientras Alberto le acariciaba la concha con sus dedos. De repente él le bajó los pantalones lo suficiente como para exponer su redondo y firme culo. Anita por supuesto, no llevaba tanga esa noche.
Ella me miró por un par de segundos y luego giró su cabeza hacia el escenario.
Apoyó sus manos sobre la valla y se inclinó ligeramente hacia adelante, sacando de esa manera su perfecta cola hacia afuera. Entonces pude ver que Alberto sacaba su verga y la restregaba entre los cachetes de mi delicada esposa.
Ana se estiró hacia atrás, la tomó y le dio unos cuantos manotazos antes de volver a inclinarse sobre la valla con ambas manos. Ella estaba lista para lo que se venía.
El tipo no perdió tiempo; enseguida tomó su pija erecta y comenzó a frotarla contra el trasero de mi esposa, buscando esa estrecha entrada vaginal.
Ana estaba sonriendo, pero de repente se puso seria y abrió su boca bien grande, al sentir que la verga de Alberto la invadía. El hombre la tomó por las caderas y comenzó a darle palmadas en la cola mientras la cogía. Las manos de Ana se aferraron a la valla y pude ver que gemía con la boca abierta, pero no se oía por el volumen de la música…
Mi verga se endureció al ver a mi esposa ser cogida por un hombre que me había sido presentado apenas una hora antes. Ana empezó a empujar su trasero sobre esa verga, empalándose brutalmente en ella por sí misma.
De repente pude oír que gritaba: “Voy a acabar…”
Entonces Alberto comenzó a cogerla con más potencia y ganas, hasta que repentinamente Anita saltó hacia adelante y sus ojos miraron hacia el cielo mientras acababa en un orgasmo muy silencioso.
Después giró su cabeza para mirar a su amante, pero él rápidamente la tomó por los cabellos y la obligó a mirar hacia adelante, mientras le daba los últimos embates antes de descargarse en la vagina de mi esposa. Ella volvió a gemir y sonreír al sentir que ese semen caliente la llenaba.
Alberto se incline sobre ella y le susurró algo al oído, antes de sacarle la verga todavía chorreante del fondo de su vagina. Luego se movió a un costado, cediéndole su lugar a David, quien no tardó en acomodarse detrás del culo de Ana.
Mi esposa se aferró otra vez a la cerca; mientras David guiaba su pija erecta entre los labios vaginales ahora bien dilatados por su amigo…
La boca de Anita se abrió bien grande y alcanzó a musitar: “Oh, no…” cuando el hombre empujó hacia adelante.
En ese momento conseguí acercarme hasta poder ubicarme junto a mi esposa. Ella jadeó y me miró con una tremenda cara de lujuria. Me tomó la cara con sus manos y me besó profundamente, mientras suspiraba bajo los embates de David.
Susurró en mi oído: “Ay, mi amor, ni te imaginas lo bien que se siente esta pija…”
Ella siguió suspirando y temblando mientras Davis seguía cogiéndola; hasta que sus ojos se volvieron en blanco y todo el mundo alrededor pudo oír su aullido de placer cuando alcanzó un nuevo orgasmo.
Entonces David siguió bombeándola desde atrás. Alargó su mano y tomó a Anita por la garganta, haciéndola sofocar. Luego la cogió con toda dureza, hasta que finalmente también él mismo acabó. Enseguida se salió del cuerpo de Ana y se movió a un lado.
Anita me miró con dulzura; con su bello rostro transpirado y transfigurado por el placer que esos dos tipos le habían dado. Ambos habían desaparecido de nuestra vista. Escuchamos un par de canciones más y entonces ella me dijo que estaba lista para regresar a casa.
Al llegar al auto Ana me preguntó: “Disfrutaste lo que viste…?”
Antes de que pudiera contestarle, ella levantó la cola del asiento y se bajó los pantalones, para mostrarme que estaban manchados de semen.
“Los dos tienen una pijas muy grandes y me dejaron la concha en llamas y dolorida”
Dijo Anita sonriendo… pero agregó para compensar…
“Esta noche mantuve mi cola bien cerrada solamente para vos, mi amor…”
Yo mantuve mis ojos fijos en el camino, mientras la suave boca de mi esposa comenzaba a lamer eso que iba a entrar en su cola más tarde…

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