A mamá se la follò una lesbiana

Fui a instalarle a mi madre una Webcam y descubrí debajo de su PC una nota con los nick y con las claves que utilizaba. Uno de los nick me dejó helado: “Lesbimadura”

Vaya por delante que no tengo absolutamente ningún perjuicio por la condición sexual de cada persona, aunque como en este caso, se trate de mi madre, pero comprenderán ustedes mi turbación cuando, por pura casualidad, descubrí que mi madre coqueteaba con lesbianas.

Hola soy Emilio, tengo 31 años, estoy divorciado desde hace casi 2 años, no tengo hijos, vivo sólo en un pequeño apartamento en Alcalá de Henares, una ciudad cercana a Madrid y tengo una relación bastante fluida con mi madre, que tiene 52 años, que también esta divorciada desde hace unos cinco años, que vive en Madrid y que para ella soy como el hombre orquesta, pues necesite lo que necesite, me llama para que la ayude. No, no es que ella no sea autosuficiente, que lo es, es que se siente por una parte madre protectora con su hijo y por otra se hace la inútil para que esté pendiente de ella, porque así se siente muy cómoda y arropada.

Ella trabaja como funcionaria de la Seguridad Social, de modo que está acostumbrada a utilizar ordenadores, aunque nunca había tenido uno en su casa. Hace poco se instaló uno y desde esa no hace más que pedirme que le instale cosas, lo último ha sido que le instale una Webcam.

Fue en esas cuando descubrí debajo del ordenador una hoja con anotaciones a mano, una de ellas fue la que me dejó confuso: “lesbimadura” y la clave no dejaba lugar a dudas: “Isabel1956”, que así es como se llama mi madre y ese es su año de nacimiento.

–Joder, mi madre es lesbiana– me dije totalmente perplejo por el descubrimiento, aunque después comencé a recapacitar.

Al poco de divorciarse mi madre salía con mucha frecuencia y tuvo varios rollos con amigos, aunque con ninguno llego a nada serio. Posteriormente fue espaciando las salidas y últimamente la veía más con amigas que con hombres, algo que supuse normal, lo que nunca pude imaginarme es que tuviese esa tendencia sexual.

El caso es que miré en su Messenger y lo modifiqué para que guardase el historial de sus conversaciones. Comprenderán que la tentación por descubrir lo que hacia mi madre en sus sesiones como “lesbimadura” me daba tal morbo que no podía perder la ocasión. Si, comprendo lo que estarán ustedes pensando, que eso era espiar a mi madre, pero en efecto, eso era el morbo: espiar a mi madre.

Al cabo de los días me pasé por su casa con una disculpa tonta y aprovechando que ella había salido a comprar, me metí en el Messenger y me encontré con una realidad que no imaginaba: mi madre chateando en un foro de lesbianas y preparando una escapadita de fin de semana para asistir a la “Primera Convención de Almejas Salvajes” como ellas habían decidido llamar a un encuentro entre lesbianas de todas contra todas, tal como rezaban las reglas que se habían autoimpuesto.

Joder, tuve una erección descomunal, mi madre follando con lesbianas, esto era como de cine, no me lo podía creer, pero créanme si les digo que desde ese mismo momento lo que más ansiaba, mi mayor deseo era ver a mi madre follando y follada por lesbianas. Jamás había mirado a mi madre con deseo sexual, pero ahora no podía quitármela de la cabeza, me la imaginaba abierta de piernas, con su chocho al aire y una tía montándosela, era lo más de lo más.

Como pueden suponer desde ese momento frecuenté a mi madre mucho más de lo que era habitual. Que si me invitas a cenar, que si quieres que te lleve a tomar una copa, que si quieres que salgamos a la montaña… era un desvivirme por ella, aunque por supuesto de sexo, ni siquiera insinuaciones.

Pero se ve que la Diosa Lesbos estaba de mi parte y tuve mi primera oportunidad de hablar de sexo con ella. Un día por la tarde me dijo que ese fin de semana se iba a ir con unas amigas a pasarlo en una casa rural.

–¿Sólo con amigas o amigas y amigos?– le pregunté como inocentemente pero con toda la intencionalidad del mundo.

–Sólo amigas– me contestó riéndose, casi, casi con picardía, lo que comprenderán me dio pie a profundizar algo más.

–A vaya, amigas con derecho a roce– le dije riéndome yo también, como en broma, como quien no quiere la cosa.

–Bueno, ya veremos, quién sabe, a lo mejor pruebo y me gusta– todo esto riéndonos los dos, como bromeando, como si yo no supiera lo de “lesbimadura” como si no supiese lo de la “Primera Convención de Almejas Salvajes”, pero se me ocurrió una idea en ese momento y se lo solté a boca jarro

-Bueno, ya sabes lo que se dice, que quien lo prueba ya no cambia nunca más. Por si te da muy fuerte y piensas en casarte con otra mujer me pido ser tu padrino de bodas.

-No creo que me de tan fuerte, pero gracias por el ofrecimiento- Todo esto con el mismo tono de risas, aunque si quieren que les diga la verdad, a mi me pareció que esto último no lo decía tan convencida, de modo que aproveché el momento y di otro paso más para ver hasta donde llegaba mi madre.

-¿Ya tienes novia? Le pregunté con tono de intimidad, con amistad.

-Novia no, tengo amigas- me dijo escuetamente, aunque quizás ya un tanto ruborizada por lo que de confidencia tenía su respuesta.

-Y te gusta ese ambiente- le volví a preguntar ya con mucho tacto porque temía que se me escapase el momento de confianza que estábamos compartiendo.

-Me encanta- fue su más que elocuente respuesta

Y llegó el fin de semana y acompañé a mi madre el viernes por la tarde a la estación del tren de alta velocidad. Se iban a un cortijo en Córdoba y allí, en la estación se habían dado cita 6 chicas, aunque según me dijo mi madre, otras cuatro irían directamente al cortijo.

Me las presentó antes de pasar la barrera de embarque. Todas eran más o menos de la edad de mi madre, alguna algo mayor, aunque una chica, Silvia, era bastante más joven, quizás no tendría ni los 25 años. Era una preciosidad de chica, de aspecto frágil, delicado, de ojos encantadores, de boca deliciosa… una preciosidad de mujer.

-Que os divirtáis- les dije al despedirme de ellas.

-Con tanta mujer guapa cómo no nos vamos a divertir- contestó mi madre muy contenta y agregó como comentario adicional para sus amigas –Mi hijo y yo no tenemos secretos.

Joder, secretos si que teníamos, porque salvo las confidencias superficiales del otro día nunca habíamos hablado mucho más. No sabía si sólo era una aventura sexual entre amigas o si había amor, no sabia si era de las que montan o se dejan montar, eso me traía loco, a veces me imaginaba a mamá montándose sobre una mujer y follándola y otras la veía montada y una mujer encima follándosela, pero siempre me la imaginaba gimiendo de gusto, corriéndose, mamando y mamada… llevada tal erección encima de mi, que tuve que parar el coche en un hueco de una calle poco transitada y hacerme una paja imaginándome a mi madre en pleno festival lésbico.

Durante el fin de semana la llamé por lo menos diez veces, nunca había estado más pendiente de mi madre como esos días. Le preguntaba cómo le iba y la muy cabrona me decía siempre lo mismo: “de maravilla”, pero no daba más detalles, creo que cada día me hice al menos un par de pajas en su honor, una de ellas cuando escuché una voz de fondo que decía:

-Esta follando.

-¿Estas follando?- le pregunté babeando.

-No, no estoy follando- me contestó con desgana, aunque ahora la voz que antes se escuchaba de fondo se acercó al teléfono y no pudo ser más explicita:

-Si, si que esta follando, se la esta follando Martina.

-Bueno, te dejo, no quiero interrumpirte- le dije con pena, aunque añadí un comentario antes de colgar:

-Que suerte tiene Martina, quien fuese ella para poder follarte también.

-Bueno cielo, ya te veo la próxima semana vale- me contestó un tanto azarada por la confesión que acababa de hacerle. Le había dicho a mi madre que deseaba follarla y eso se lo había dicho mientras Martina se la estaba follando.

No volví a verla hasta el miércoles de la semana siguiente. No quiso que fuese a esperarla a la estación el domingo por la tarde, el lunes me dio una disculpa para que no fuese a su casa a verla y el martes me dio otra, aunque el miércoles, antes de que me rechazara nuevamente le dije:

-Si no quieres verme no te preocupes, ya nos veremos cuando quieras.

-Pero cielo, cómo no voy a querer verte, ven luego a las ocho y cenamos juntos y te cuento cosas, además tengo un video que ha hecho una amiga y si quieres lo vemos juntos.

Joder, tenia una cita con mi madre, además ella me ofrecía ver un video de la Primera Convención de Almejas Salvajes. Estaba tan salido que miré el reloj cada cinco minutos. Las horas se me hicieron larguísimas, pero llegaron las ocho y como un clavo, allí estaba entrando a la casa de mi madre.

Le di un beso superficial, pero ella me abrazó y muy calidamente me dijo:

-Que tonto eres, cómo no voy a querer verte.

-No mujer, es que a lo mejor me pasé el otro día cuando te llamé.

-No cielo, es que cuando me llamaste Martina me estaba follando y no estaba a lo que estaba, por eso no te atendí como tú te mereces- me contestó riéndose y con cierta picardía.

-O sea, que si que estabas follando- le dije riéndome también.

-Pues claro, a eso habíamos ido, ya te lo dije.

El caso es que la cena transcurrió entre risas, bromas picantes, insinuaciones e indirectas, aunque todo versaba sobre lo mismo: La Primera Convención de Almejas Salvajes.

-Una de mis amigas es licenciada en imagen y sonido y ha hecho un video de la reunión, ¿quieres verlo?- me ofreció como postre a una cena liviana en la comida, pero cargada de erotismo.

-Bueno, si no hay otra cosa en la televisión lo vemos- le dije riéndome pero impaciente, muy impaciente.

Nos fuimos a su habitación que es donde tiene una especie de despachito, con una mesita, su ordenador y un sillón muy confortable. Yo me senté en una banqueta que tiene a modo de descalzador y ella puso en marcha el ordenador. El video ya lo tenia cargado en el disco duro, se ve que ya lo había visto unas cuantas veces.

El video no era una película casera, ni mucho menos, era el trabajo cuidado de una profesional. Su maquetación excelente, su presentación espectacular, la música de fondo muy sugestiva, vamos un trabajo técnicamente excelente, pero las imágenes que proyectaba, ¡ah! las imágenes, eso amigos, eso era puro erotismo.

No había sexo explicito, vamos que en ningún momento se las veía follar, aunque todo el video era eso: cómo follaban, cómo se besaban, cómo se magreaban, cómo se lo comían las unas a las otras.

Particularmente llamaba la atención las escenas con Silvia, la más joven de todas. Tal cómo me había parecido cuando la conocí en la estación, tenía un cuerpo precioso, un culito para comérselo, unas tetitas para deleitarse chupándolas y un chochito que era pura nata. Aunque eso mismo debieron pensar todas, porque todas pasaron por su chochito, le sobaron su culito y le chuparon sus tetitas, mi madre incluida.

Aunque en lo referente a mi madre, Martina era su bienhechora porque se la había montado a placer.

-Esa chica te tiene simpatía- le dije a mi madre mientras veíamos una escena donde se la estaba montando al estilo cowboy.

-Si, si que me tiene simpatía- me dijo a carcajadas, aunque ya les digo que en ninguna escena se veía sexo explícitamente. Estaba tan magistralmente grabada la película que se adivinaba todo aunque no se viese nada, vamos, erotismo concentrado.

Como pueden suponer yo estaba tan empalmado que no veía la ocasión de tirarme a mi madre, pero como les dije antes, se ve que el Dios Lesbos estaba de mi parte. Parecía que uno de los rituales era rasurar el chocho a las primerizas y eso es lo que le hicieron a mi madre y a otra señora, una de las más mayores de la reunión, que por cierto tenia una pelambrera majestuosa.

-¿Te han rasurado el chocho?- le pregunté a mamá ante lo evidente de la escena que estábamos presenciando.

-Si, me siento muy cómoda- me dijo sin el menor atisbo de rubor. No sé por qué, pero me daba a mí que mi madre también estaba cachonda en ese momento.

-Joder, que pasada- le dije alucinado. -Yo nunca he visto en real a una mujer con el chocho rasurado, ¿me dejas verlo?- a la vez que le metía mano entre las piernas buscando su coño rasurado.

Ella no dijo nada, pero se abrió algo de piernas y me facilitó el acceso a la cueva de la felicidad. Lo tenia húmedo, chorreaba flujo, su tacto era suave, sedoso… no pude más y me arrodille delante de ella y busqué su chocho rasurado con la lengua y se lo mamé a conciencia.

Su sabor agridulce era una delicia, me agarró la cabeza con sus manos y me la enterró entre sus piernas. Yo alucinaba mientras ella se abría más y más de piernas para que se lo chupase. Se metió una corrida que más que gemir aullaba como una loba en celo.

Aún dando sus últimos estertores de placer, la cogí entre mis brazos y con delicadeza la deposité encima de su cama, mientras me subía encima de ella y se la metía.

Fue como una locura de placer. Me vacié dentro de ella con tanta pasión que no recuerdo nunca haberme corrido de esa manera tan espectacular. Me había follado a mi madre a la que se la estaba follando una lesbiana y, tal parecía, que de ahora en adelante tendría que competir con Martina para ver quien se la monta más veces, aunque algo empezaba a rondar por mi cabeza.

Que delicioso seria ver a Martina montándose a mi madre y después montármela yo.

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